La vi ayer queriendo tejerse una sonrisa.

La vi ayer, tan guapa como siempre, con su sonrisa dibujada, y sus dos ojos curiosos. Llevaba un vestido beige, aquel que le regalaste por su vigésimo cumpleaños. Seguía teniendo el mismo aroma a libertad y superación que a ti tanto te atraía. Se sentó en tu sillón favorito, ese de cuero y con madera azabache, donde tantas noches nos llenabas los oídos con tus aventuras en ultramar, y tu risa afónica. 
La vi ayer, cuando pensaba en aquel viaje a Verona, tu amada Verona, ¿Lo recuerdas? Dijiste que sería tu ultimo viaje a aquella ciudad que tanto te gustaba.Ella aún sigue pensando en ti, y te echa de menos, aunque nunca lo halla dicho claramente, pero se nota en sus dos luceros perdidos en el horizonte, cada vez que va a desayunar a tu bar favorito. Siguió su promesa, y sigue siendo la misma chica revoltosa y enemiga de las normas. 

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La vi ayer, y casi que no me atreví a acercarme a ella, han pasado tantas cosas, que la relación esta quebrándose cada vez más. Ella tan sincera, me reprocho el desplante de antenoche. Me corto el aliento, cuando me recordó que contigo nunca falte a ninguna cita.

¡Ay, Roberto, cuanto te echamos de menos aquí! Ella sigue recogiéndose el pelo y colocándoselo hacia la izquierda, dejando entrever las dos mariposas que se tatuó en el cuello.Pero ya no es la chica triste que paseaba por las calles, como cuando te nos fuiste. Se ha superado mucho desde entonces, y con su media sonrisa nos alegra a todos los días.

La vi ayer, cuando sus dos ojos estaban apunto de llorar, eran lágrimas de impotencia, y resignación, que lo se yo, aunque no me lo dijo. Sigue amándote ¿sabes? Es nombrar tu nombre, y que se le iluminen esos dos mares que tiene por ojos. Ojala que pudieras estar aquí, acompañándola de día y de noche.Ojala supieras cuanto te seguimos queriendo. Ojala disfrutásemos de nuevo oyendo tus locas historias, aquellas que nunca viviste, pero que hacías tuya solo con una risa.
Ojala no hubiese sido aquel tu ultimo viaje a Verona, Roberto. Ojala tantas cosas, para que estuvieras aquí, y pudiéramos acoplarnos a ti cada vez que nos dieses un abrazo. 
La vi ayer, una vez más con su espíritu de superación, se trago las lágrimas, y sonrió, sabiendo que en el fondo, su corazón tiene astillas. Pero querido Roberto, estoy segura, que el tiempo le  devolverá aquella sonrisa divertida que te encandilo.

3 comentarios:

  1. Qué bonito escribes. Es cierto que a veces no se necesita decir que amas a alguien porque tus ojos te delatan, es algo que simplemente no se puede esconder.


    Abrazo :)

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  2. wow! *_* me haz erizado la piel. sigue escribiendo tan maravilloso.
    abrazos amiga (:

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  3. Como lo haces para escribir entradas que transmiten tanto! me encantó. Todos llevamos una carga en el corazón, por un momento, una cosa, un ser querido, pero aveces no lo sabemos manejar. Un beso!

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