Ya no le esperas, ni le escribes pero te aferras a su recuerdo.

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Ya no tengo a quien escribirle aunque creo que nunca tuve a ninguno; y no sé qué es peor, si tenerlo y perderlo o no tenerlo pero sentir que lo pierdes; no sé si me entendéis. Creo que sois capaces de entender el vacío que puede provocar que una persona sin motivos aparentes o con razones que te parecen ilógicas decida marcharse un día de sol, cerrando la puerta tras de sí,  con un sonoro portazo. Y vuelven a tener los domingos el sabor áspero, vacío y oscuro que esa persona había conseguido disipar con tan sólo un “Nunca me iré” pero como todos, se va. Porque no aguanta tantas ruinas en un corazón o simplemente, se aburrió de intentar reconstruir la ciudad que tenías escondida en tu mirada.

Cuando el portazo deja de resonar en esa sala donde estas, ahora vacía, todos los monstruos salen a celebrarlo, te susurran que ellos son para siempre, ellos sí cumplen su palabra. Y lo que más duele, lo que hace que respires con dificultad, es saber que dicen la verdad. Ellos te han acogido cuando el silencio se hacía insufrible. Te han dado el calor que te hacía falta en las noches de invierno cuando la cama se te quedaba demasiado grande y el mundo –tu mundo- decidía ponerse en huelga y un frío, casi procedente del polo norte, acaricia con fuerza tu piel pero los ignoras durante un tiempo; porque crees que va a volver.

Con la esperanza en tu corazón roto, te sientas a esperarlo en una estación donde el cartel de neón que tenía escrito vuestro nombres, se va a apagando poco a poco. Demasiado tiempo ha pasado, muchas sonrisas han caído y tú sigues con la firme creencia de que él volverá. Has visitado los suficientes lunares, tocado cielo distintos y besado a más de diez ranas para darte cuenta que no existe ningún otro corazón que merezca la pena llamarlo ‘hogar’. Porque tu verdadero hogar se alejó de ti.

Observas atentamente como la estación donde una vez construiste con él, se convierte en cenizas; no va a volver, a pesar de eso, te empeñas en ver cómo pasa tu vida por delante de tus ojos. No concibes un día sin él porque nadie que hayas conocido hasta ahora, ha sabido arroparte como lo hacían sus manos.

Esperas. Esperas. Meses. Horas. Lo que haga falta hasta que la verdad te golpea la cara, a la fuerza. Te cala los huesos de frío y cuando el suelo que pisabas empieza a temblar violentamente, permites que tus monstruos bajen de su tren y te abracen con sus mentiras mientras van arañando poco a poco tu alma.

En noches cálidas aún puedes percibir el olor a su colonia preferida, acurrucarte en una esquina de la cama y pensar que pronto vendrá a abrazarte; pero sabes que no vendrá, tus esperanzas se han partido por la mitad y el amor, ahora, te parece una cosa de locos. Eso no te impide en aferrarte a su recuerdo, a su ausencia y a escribirle mil versos que para él nunca significaron nada.

Ya no le esperas, ni le escribes pero sigue el mismo dolor atravesándote las costillas acompañadas de balas  cargadas de recuerdos. Es verdad que ya no lo sientes, el vacío ha ocupado su lugar, el asiento que reservabas exclusivamente para él.

4 comentarios:

  1. Estoy fascinado y admirado ante la transparencia de tus palabras. Comprendo perfectamente eso del Domingo soleado, aunque yo lo recuerdo como un Lunes húmedo.
    Esperes o no, lo busques o no, estas tragedias son siempre lo mismo: o decide volver a intentarlo o no. Y mientras tanto nosotros nos aferramos a clavos ardiendo esperando un sí, tibio, dudoso... casi inaudible que nos devuelva la vida.
    No hay solución, lo único posible para seguir adelante es aceptar y soñar...

    Magnífico texto, ya puedo ver los sueños de esta noche ^^
    Nn besazo.

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  2. Algunos portazos son los que te hacen ver donde esta la salida. Y menos mal.
    PD: tu texto increíble como siempre es un placer leerte.

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  3. Yo me pregunto qué es peor: si el dolor o el vacío porque con el dolor al menos sientes...
    Pero también hay que sentir el vacío porque una vez que aprendes a vivir con él: a ser el único que te acompaña en tus desvelos, a ser el único que te espera, a ser el único que está ahí... Una vez que aprendes a vivir con ello, has sobrevivido a ti misma y puedes dejar que otro llene ese vacío.
    un besoo!

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  4. Entiendo demasiado bien todos esos sentimientos... Los he sentido, y quizás podría decir que los siento ahora...
    Espero que tú estés bien:)
    Muchos besos!

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